GREEN ROOM [CINE]


Alabada por Cannes, ganadora de diversos premios en Festivales de Cine Fantástico (algo curioso cuando no existen elementos fantásticos en el film) y con un aura de film transgresor, por fin llega a España 'Green Room', un título con muchas connotaciones y más fama que contenido. Bien es cierto que quizás algunos sectores de la crítica hayan ensalzado esta tercera película de Jeremy Saulnier por los varios mensajes subliminales (algunos) que contiene. Pero su más destacado factor es el uso de la violencia y cómo la muestra en pantalla en detrimento de las premisas que en un principio plantea.

Lo que se presenta como un thriller de supervivencia en el que una banda de música punk acaba tocando en un evento de neonazis se torna en...













...un claustrofóbico juego de tensión resuelta a medio gas y con el trasfondo de una trama de crímenes que en vez de alimentar el desarrollo del film, lastra la acción del mensaje que lleva implícito para quedarse en la forma de mostrar esas situaciones límites.


Lo más destacado del film es el personaje que lidera a los neonazis, un Patrick Stewart sobrio, tenebroso y enigmático, que manipula a su antojo a una banda de descerebrados que solo quieren el amparo de la manada para sentirse parte de un todo. Los dirige con templanza y mano firme, con la promesa de un ascenso en su pirámide irracional dentro de ese "movimiento" idealista que sólo oculta un turbio negocio de narcotráfico personal.


Saulnier deriva de lo que podría haber sido una metáfora de la sociedad opuesta, desde dos puntos totalmente irreconciliables (pero que guardan muchas y lamentables coincidencias) hacia un film que solo trata de desdibujar su metáfora a golpe de machetazo, disparo o reguero de sangre. A la par que ese supuesto thriller que se nos prometía se convierte en una mascarada que intenta más parecerse a una nueva (y floja) versión de 'Asalto a la comisaria del distrito 13' (la de Carpenter, claro...) que ser genuina y seguir por el camino que había planteado.


Si el primer tercio del film es donde más se puede disfrutar como espectador por las múltiples pistas, giros y tramas que se nos muestran, es en el tercer acto donde toda esta maraña de cartas apiladas se desmoronan en beneficio de una supuesta puesta en escena que trata de transgredir en vez de sugerir. Todo lo visto durante los 70 minutos antes se viene abajo en un desenlace que desmerece todos los elogios que ha cosechado inexplicablemente este film. Nos queda al menos ver uno de los últimos trabajos del malogrado Anton Yelchin y el agridulce sabor de un thriller que podría haber sido terriblemente poderoso si hubiera continuado por el sendero de la metáfora ideológica (adornada por la violencia) en vez de quedarse en sólo eso: un cúmulo in crescendo de escenas que buscan lo truculento.


Al igual que el perro del film que busca a su amo en un último acto de obediencia, Jeremy Saulnier a sido leal en su ejecución de la película. Quizás hayan sido los críticos los desleales al creer ver denuncia social, parábola existencialista y quién sabe qué rayos más, en un film que queda en agua de borrajas todo lo que en un principio nos prometía.

VALORACIÓN: 5/10


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