IDA [CINE]

Ida recibió el premio por ser una película impecable (técnicamente bien realizada), de esas que no tenemos la dicha de apreciar muy a menudo. De esas que soñamos realizar cuando ingresamos a la facultad (y que a falta de medios u oportunidades terminamos criticando).

De esas que revalorizan al cine como arte y que por ende no merece otro enfoque más que académico, técnico o de manual si se quiere, porque basta ver el cartel o algunos de sus encuadres para darse cuenta de que estamos ante algo distinto, fuera de lo común. El hecho de que...




...su director, Pawel Pawlikowsky, haya optado por filmar en blanco y negro, en formato 4:3 como lo hiciera no hace mucho Michel Hazanavicius con El Artista (Francia, 2011) habla de una delicadeza y una preocupación por la belleza digna de admirar.


El blanco y negro se vale de luces y sombras para trabajar claroscuros (aquellos impactantes del expresionismo alemán  de la primera mitad del siglo xx) siluetas, volúmenes, contrastes o reflejos que ganando una amplia gama de grises pueden usarse con fines dramáticos (la sombra de la guerra) o expresivos que en Ida contribuyen a delinear la atmósfera de tristeza y ambigüedad moral propia de la Polonia de los ´60.



Una joven huérfana, Anna (Agata Trzebuchowska) que está a punto de convertirse en monja se entera de la existencia de una tía, Wanda Gruz (Agata Kulesza), su único pariente vivo que la llevará a enfrentarse con un pasado oscuro en busca de sus raíces y de ella misma.


La puesta en escena supera al contenido en calidad, aunque éste no evade la polémica, aborda la colaboración polaca con el régimen nazi, la búsqueda de identidad y la religión. Sin embargo el énfasis está puesto en la composición fotográfica y en el uso y rupturas de las reglas en pos de lo que se quiere contar.



Cada persona u objeto de utilería está colocado en su lugar armoniosamente, jugando con la perspectiva desde una lograda profundidad de campo (se ven perfectamente tanto los elementos que están en primer plano como los del fondo).



Nos enseñaron que es la mirada la que dirige el espacio dentro del campo y que no debe quedar mucho aire por encima de las cabezas de los personajes o a sus espaldas, sino por delante o que no es recomendable una imagen centrada, pero las reglas están hechas para romperse y acá se hace todo el tiempo, dando lugar a algo (la guerra) o alguien (Dios) superior que está presente, minimizando a los personajes y asignando la supremacía a la distinción y estilización visual del cine clásico en pleno siglo XXI. Una película que da gusto ver.


VALORACIÓN: 8/10

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