TUSK [CINE]

Todo en esta vida tiene un límite. Incluso el sentido del humor de Kevin Smith. Su obra nació bajo el amparo del cariño que presentaba a los freaks, frikis, outsiders y almas rotas de su querida New Jersey natal. Sus primeras comedias sí que eran buenas piezas de artesanía de un amante del cine que ofrecía sus fobias y filias en formato cinematográfico. Su personal universo creativo tuvo personajes míticos como Jake y Bob el silencioso, films ácidos y llenos de humor malsano como 'Clerks' o 'Dogma'. Luego su bilis se fue difuminando con productos hechos a medida de sus amigos como 'Jersey girl', '¿Hacemos una porno?' o 'Vaya par de polis'. Su primer coqueteo serio con el thriller fue con la a priori interesante 'Red State' (2011) y ahora tras años de no saber bien dónde quiere postrar su cine, nos ataca con este experimento disfrazado de comedia negra, con tintes de terror y una historia bastante mal contada y peor filmada. 'Tusk' comienza como una comedia más del estilo de Smith, con referentes de la cultura popular, chistes frikis y uso excesivo de jerga de salón de comic. Nada nuevo. La premisa del film es presentar a un podcaster (Justin Long) que busca...








...personajes extraños que grabar para su programa online. El guión, obra del propio Smith, se basa en un verdadero podcast que él mismo grabó en 'SHodcast' y que amenaza con ser la primera de una trilogía del films bajo el título de 'True North'. El humor de Kevin es para paladares selectos, cuando lo hace bien, pero últimamente esa chispa genuina que tenía se ha disipado con los años, los donuts o el subidón de ego que tiene aún por ser recordado como el director de 'Clerks'. En 'Tusk' no sabemos bien a qué juega, si pretende ser una comedia negra (demasiado negra incluso para él), si quiere ofrecernos un thriller angustioso, una fábula de la condición humana o un simple entretenimiento para sus aduladores.


Michael Sparks interpreta a Howard Howe, el personaje neurótico y enfermizo que como una araña, atrae a su cubil a inocentes buscadores como Wallace (Justin Long). Los primeros tintes de comedia simplona que inician el film desaparecen en cuanto hace acto de presencia Michael Sparks. Un personaje más que intenta ser malévolo en su condición psicótica, otra mente torturada que busca la redención de su culpabilidad a través del dolor ajeno. La película en ese instante se torna oscura, casi interesante, al comenzar a tentarnos con las motivaciones del personaje de Sparks. Como si de Robert Shaw en 'Tiburón' se tratase, nos cuenta historias y relatos personales que son más atrayentes que la propia trama del film.


Tras conocer el verdadero sentido del villano del film, el alma se nos cae al suelo. Quiere ser tan bizarro que roza lo estúpido en su forma tanto como en su contenido. La obsesión por la morsas, que de eso va toda esta película, hace que el espectador quede perplejo a la par de hastiado por esos continuos cambios de tono y registro que sufre el film. Juega en dos tiempos narrativos que se inmolan mutuamente al convivir en el mismo metraje. Deja de interesarnos su parte cómica cuando un irreconocible Johnny Depp hace acto de presencia con su estrafalario, trasnochado y fuera de lugar personaje Guy Lapointe. Un detective digno de la serie 'Tito Yayo' más que de otra cosa. Una mezcla entre el detective Clouseau y El Nota, pero sin la gracia del primero ni la inteligencia del segundo. Toda su aportación hace detener en seco a la ya de por sí aburrida trama. El reparto lo completa Haley Joel Osment, sí el niño de 'El sexto sentido', que de niño tiene ya poco y da grima verle. Es para darle de comer aparte...bueno mejor no darle de comer. Justin Long hace lo que puede para meterse en la piel, nunca mejor dicho, de su personaje.


Kevin Smith ha intentado aportar su granito de arena al cine trasgresor con tendencias a lo grotesco. Sin llegar a la suela de los zapatos de Cronenberg y ni tan siquiera saber incomodar de verdad con su visión de la transformación como en 'El cienpiés humano' (2009), 'Tusk' se queda en medio de la nada. No se erige como una metáfora, ni en una moraleja, no aporta nada nuevo y queda como un capricho personal del director que demuestra una vez más que lejos de sus personajes frikis no sabe qué hacer con la cámara para contar una historia. Eso sí, deja claro que Canadá y los canadienses le caen bastante mal. Una pérdida de tiempo que no recuperaremos nunca, buscábamos una historia de terror, un thriller interesante o una comedia macabra y nos encontramos con un pastiche de agrio sabor, peor embalaje e insufrible visión. No por su supuestas escenas sanguinolentas, sino por su hastío continuado y soso. ¿Terror?¿Comedia macabra? No...una simple tomadura de pelo.


VALORACIÓN: 3/10

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