BIRDMAN [CINE]

Los dientes largos y el aliciente de estar ante una gran película eran las referencias que todos teníamos antes de visionar 'Birdman', la última deliciosa parábola del siempre interesante Alejandro G. Iñárritu. Mucho se hablaba de ella y de la estela que iba dejando, y más desde que la pareja de escritos del realizador mejicano, Guillermo Arriaga, ya no compartía con él la autoría de sus guiones. 

Desde 'Biutiful' (2010), Iñárritu ha encontrado en Armando Bo y Nicolás Giacobone a dos compadres con los que desarrollar nuevas facetas en su cine. Ha dado un salto cualitativo y espectacular en su forma y en su fondo. Ha dejado de lado los hiper-dramas sociales y los mensajes deprimentes de un mundo deshecho para sumergirse y de manera soberbia en el género de la comedia. Pero no una comedia cualquiera, sino en la grotesca caricatura con la que disfrazamos la realidad. Un genial golpe en el estómago del director de 'Amores perros' que cambia totalmente de registro para instalarse (no sabemos si para siempre) en las ligas mayores de las ácidas y vitriólicas comedias que saciarán con creces a los más exigentes espectadores. La propuesta de Iñárritu juega a ...







...contraponer el mundo de la actuación con el espectáculo, el teatro con el cine, la popularidad con el talento, la fama con las tendencias y el prestigio con la capacidad que tenemos los seres humanos a seguir cualquier estrella fugaz.


Esa misma estrella fugaz que abre y cierra el film es la mejor metáfora del personaje principal, Riggan Thompson (Michael Keaton), una figura del cine de Hollywood más comercial en los noventa que ve cómo su vida y carrera se han convertido en un recuerdo desdibujado de su antaño éxito comercial como superhéroe de la pantalla grande. Ya no encaja su entorno ni su personalidad en una sociedad que devora a sus ídolos por días, horas o segundos. En su huida hacia adelante trata de rescatar lo poco que le queda como actor en una obra de teatro que ha adaptado. Y al igual que todo en su vida, intenta adaptar su vida a su personaje y viceversa.


'Birdman' es una descarnada denuncia hacia el mundo del espectáculo, los ídolos de barro, las redes sociales, la hipocresía del éxito y el consumo de masas. Todo con la suavidad de un guante de seda que esconde un puño de hierro. Unos maravillosos planos secuencias (trucados) que inundan el film durante todo su rodaje (un prodigio de montaje y planteamiento que luce en todo momento el director) hacen que el espectador pueda sumergirse en las bambalinas de la obra de teatro. Asistir como uno más de los encargados de subir el telón cada noche. Nos hace partícipes de este canto hacia el teatro desde el cine. Una notoria muestra de buen hacer como director que hace más grande aún la película con un guión sin estridencias y un mejor desarrollo en pantalla.


El juego de mostrar las miserias del actor tras el telón nos arrastra tras Riggan en su paranoica lucha consigo mismo y su alter ego, Birdman, que sacude su cerebro con constantes ataques verbales que le hacen "ver" una realidad alterada de su propia consciencia. Esta realidad alterada es mostrada al espectador de tal forma que en todo momento nos hace dudar si entre el personaje y nosotros comienza a fundirse la misma realidad modificada. Y vaya que si entramos en su juego, es más, nos engancha desde el primer fotograma hasta ese mágico y enigmático final que dará mucho que hablar.


Pero aparte de este magnífico uso de realismo mágico y las transiciones con las que nos enseña el descenso a los infiernos del protagonista, asistimos de la misma forma a una disección de nuestra sociedad actual en su contexto sobre el espectáculo a través de unos sensacionales diálogos que desmenuzan sin piedad el concepto que muchos tienen (tenemos) de lo que consideramos cine, espectáculo o arte. Dos escenas resumen a la perfección este viaje al corazón de la tinieblas del actor-personaje: el diálogo entre Riggan Thompson y su hija (Emma Stone) cuando la sorprende fumando a escondidas un canuto y el enfrentamiento que tienen el propio Riggan con la crítica de teatro Tabitha (Lindsay Duncan). En ambos descuartizan en frenéticas frases el sentido que tenemos de la fama, del falso concepto que asumimos como talento, fama y cine.


Es la lucha del cine con mensaje, el cine directo y sin fisuras contra lo que realmente desea el público, cine comercial. Luces, explosiones e ilusión. Esa misma batalla que debe sentir el protagonista al verse despojado de la fama que desea, la popularidad que antaño tuvo. Es una acertada elección que haya sido Michael Keaton el encargado de interpretar a Riggan Thompson, pues es obvio el paralelismo de su carrera real con la de su personaje. Birdman es el demonio que habita en Riggan Thompson, del mismo modo que Batman es el demonio que persigue a Keaton desde principios de los noventa. Una plasmación de la realidad en el cine. Un regalo que Iñárritu ha puesto en bandeja a Keaton para realizar su canto del cisne. Objetivo alcanzado. Michael Keaton nunca hasta ahora había sido considerado un actor veraz y con este film alcanza en la vida real lo que en la ficción denuncia en la película. Una maravilla que roza por momentos (muchos) cotas de verosimilitud pasmosas. No vemos a Riggan Thompson, vemos a Michael Keaton luchando contra su demonio interior y eso aporta al espectador una mayor dosis de verdad.


Sin embargo no todo queda en manos de Keaton. El elenco que le acompaña no perdona una escena y como en la ficción se cuenta, hay "roba-escenas" en todo momento. Edward Norton y Emma Stone echan chispas en sus escenas con Keaton, no así (por desgracia) en sus escenas entre ellos, que llega a ser lo más flojo del film. El pulso narrativo que acompaña a Keaton es marcado por la hipnótica instrumentación de la banda sonora, obra de Antonio Sanchez, que a golpe de bateria y diapasón nos eleva y acrecenta el pulso a la par que al protagonista. Unos sonidos de bateria que nos mantienen en una constante alerta, que nos hace sentir el pulso del personaje y su continuo paseo al borde del precipicio. 


Sin llevarnos las manos a la cabeza por hacer esta comparación, no podemos olvidarnos mientras vemos 'Birdman' de títulos como 'Eva al desnudo' o 'El crepúsculo de los dioses'. Incluso flota sobre el film un cierto aire a lo Woody Allen ('Balas sobre Broadway'). Iñárritu ha dado en la tecla correcta y de manera contundente. Nos ha enseñado una visión del cine comercial con un film que ama el cine de autor, nos pone en evidencia al recordarnos que un tuit, una web o una crítica en un blog, no va conseguir que un actor sea mejor o peor. Solo es pasto de la hoguera de la vanidades en la que nosotros como consumidores y ellos como artistas compartimos con la mayor de las hipocresías. Es verdad que seguimos mirando absortos las estrellas fugaces. Brillan con fuerza y disfrutamos de ellas mientras cruzan el cielo. No nos importa cómo se consumen pues antes de verlas apagarse ya estamos contemplando otra que inicia su andadura.


'Birdman' es un soberano palo a las majors, a sus superhéroes, a sus efectos especiales, a sus estrellas de quita y pon. Una selección de nombres que adornan nuestras cuentas de Twitter, que llenan nuestros blogs y que sacian nuestras ansias de espectáculo en el cine. Una muestra más de que es posible concebir buen cine sin alardes técnicos e impuestas formas. Lo curioso es que eso mismo que denuncia Iñárritu lo usa él para realizar el film. Lo que no vamos a negar es que estamos ante una de las películas del año.

VALORACIÓN: 8/10

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2 comentarios:

  1. Inmenso Norton, y grandioso Keaton en una película que para nosotros rompe moldes por montaje. Totalmente recomendable

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  2. La película es una maravilla pero la crítica no se queda atrás ;)

    Muy buena disección de una película que no deja títere con cabeza y en la que sobresale la portentosa actuación de Michael Keaton. Me ha gustado tanto esta cinta que estoy pensando en volver a verla.

    Saludos

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