ST. VINCENT [CINE]

A Bill Murray le faltaba en su filmografía un papel de este calibre. Tanto por su trayectoria profesional como por su estilo personal, el personaje de Vincent es un regalo para un actor que nunca se ha tomado en serio por la crítica. Lejos de proyectos serios como 'Al filo de la navaja' (1987) o más recientemente en 'Lost in traslation', Murray ha huido de consolidarse como un actor academicista para construir con los años un estilo propio y alejado de convencionalismos. 

Si la TV tiene a Charlie Sheen para ser irreverente y trasladar su personalidad a sus personajes de ficción, el cine cuenta con Bill Murray para estos menesteres. Por ello se nos antojaba necesario que el actor tuviera un personaje de su entidad que plasmase en la pantalla grande el concepto que tenemos de la persona lejos de la cámara. Vincent es huraño, borde, borracho, malhablado y le encantan las apuestas. Pero todo tiene un poso de anti-héroe que refresca el concepto original de este tipo de personajes muchas veces visto en el cine. El pasado del personaje tendremos que ir desgranando a medida que el film progresa y lo que en un principio...





...nos parecía negro tiene una gran tonalidad de grises. El debut de Theodore Melfi en la dirección de un film ha tenido una puesta de largo que no tiene nada que envidiar a otros debuts. Contar como estrella principal con Murray y tener como secundarios a actores de la talla de Naomi Watts o Terrence Howard hace que tu proyecto tome una envergadura notable.

La historia a priori resulta predecible pero contiene numerosas pequeñas sorpresas que sobre alimentan la trama. El pequeño Oliver (Jaeden Lieberher) se traslada con su madre a un barrio periférico tras el divorcio de sus padres. Como vecino tienen a un particular y grosero ser, Vincent, que por azar y casi por conveniencia acaba siendo el canguro del pequeño mientras su madre hace turnos dobles en su trabajo. Oliver verá en Vincent un mentor, una figura paternal y una persona que esconde más humanidad en sus acciones que en su escudo antisocial. 


La figura de vecino gruñón al uso de un señor Wilson en las aventuras de Daniel el travieso, se transforma en este film en una pequeña gama de sorpresas que concluirán en un final bien pensante y con exceso de edulcorante. Pero antes de ello, la travesía que propone el director se nos queda corta en cuanto a propuestas, pues ciertos personajes como Daka (Naomi Watts) hubieran dado mucho más juego si se plasmaran con más énfasis. La relación entre Oliver y Vincent tiene grandes escenas y quizás sea ese punto el que nos atrapa y arrastra. La fusión entre el actor y el personaje, la persona real y el alter ego, se refleja en la película como un guante. Murray saca provecho de su trabajo y lleva a su terreno a un personaje escrito para él. Es como si su personaje de el doctor Venkman de 'Los cazafantasmas' se hubiera casado y estancando por algún motivo personal en los 80s. Gran parte de su carisma como Vincent reside en eso, su imagen de personaje anclado en esa década.


Pero un shock en la trama hace que el film gire bruscamente de la comedia canalla y políticamente incorrecta hacia el drama más descarado y benevolente. Nos deja con la miel en los labios y vemos como el personaje de Vincent sucumbe ante los algodones de azúcar y el intento de forzar al espectador a sacar la caja de kleenex. Las circunstancias del mercado así lo dictaban y el realizador (y a la par guionista) no se atreve a conceder a su criatura un desenlace acorde con la propuesta inicial. Ese aspecto ha hecho que en buena medida haya sido nominada a Mejor Comedia y a Mejor Actor en los Globos de Oro de este año. Apostamos por Murray.


Sin ser redonda del todo y con un final más blando de lo esperado, 'St. Vincent' se deja ver con una sonrisa de soslayo y nos devuelve la imagen que todos tenemos de Bill Murray como canalla oficial de Hollywood. Un personaje bien presentado del cine indie que no termina de eclosionar por los consabidos mecanismos del cine convencional.

VALORACIÓN: 6/10

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