ENEMY [CINE]

Rodada a la par que su debut en Hollywood, 'Prisioners', Dennis Villeneuve ha querido jugar a ser David Lynch en su sexta película como largometraje. El tiro le ha salido mal en cuanto a su acabado final y no menos difícil ha sido su adaptación de la novela de José Saramago en la que se basa, 'El hombre duplicado' (2002). Un ejercicio vacío y lleno de pretensiones metafísicas que deambula entre lo orínico y lo efectista, sin querer en ningún momento decantarse por ninguna de las dos opciones.

El espectador asiste atónito a una sucesión de imágenes que plantean diversos cauces por los que la trama va a desarrollarse pero en todo momento el director no quiere (o no sabe) fijar su desenlace. Mucha culpa se debe a un desarrollo en los personajes que no acaba de ser creíble ni en su forma ni en su fondo. Jake Gyllenhaal hace lo que puede por dar forma a sus dos alter egos en el film, sin mucha suerte pues...






...es tan denso el material en el que se sustenta la película que lo que en un principio nos parece un thriller con tintes fantásticos se tuerce hacia una reflexión sobre la identidad (donde la novela es rica en matices a diferencia del film) para terminar con un desenlace que se ve como un artificio para salir del entramado que el propio director ha creado.


Lleno de trampas y giros falsos que el guión no deja resueltos, lo que comúnmente se llama licencia poética aquí es una madeja sin desliar de la que no saben salir airosos. Difícil entuerto en el que Villeneuve se ha metido para mostrarnos sus pensamientos sobre la dualidad del individuo. La premisa de una vida monótona que se ve alterada ante la visión de una semejanza física, hace plantearse al protagonista, Jake Gillenhaal, su propia existencia. Pero lejos de ver una muestra de buen cine con mensaje, el director juega a ser un mensajero de la metafísica con la implantación de imágenes surrealistas (las consabidas y muy comentadas arañas que pueblan la cinta) que solo añaden más controversia y problemas a la hora de ejecutar la trama.


Deja poco margen para el debate pues lo que a priori se puede definir como una película de corte onírico acaba resultando una enorme tomadura de pelo que los grandes críticos defienden como un excelente ejemplo de un aprendiz de David Lynch. Pero a diferencia del creador de 'Terciopelo azul', Villeneuve se cae del trapecio al intentar identificar a los dobles como la misma persona siendo imposible la conexión entre ambos personajes. Los secundarios que rodean a ambos protagonistas (con una agradecida aparición de Isabella Rossellini) no hacen sino constatar que lo que vemos es mera ilusión del director y no de los espectadores. 


Allí donde un Lynch o un David Cronenberg hubieran triunfado, el director canadiense quiere ser tan trascendental que el mero hecho de deformar la historia para que encaje con sus mensajes subliminales sobre el significado de las arañas (que obviamente es una alusión a la debilidad que siente el hombre frente a su relación con las mujeres) hace que el final del film se antoje arbitrario y vacío. Muy lejos de su anterior estreno, 'Prisioners' donde sí planteaba un debate sobre la identidad del individuo frente a la sociedad. Aquí solamente ha jugado a ser otro y el tiro le ha salido por la culata.


VALORACIÓN: 4/10

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