CIVIL WAR: POLÍTICA EN EL UNIVERSO MARVEL [ESPECIALES]

Cuando se habla de “Cine Político” la primera imagen que le viene a la cabeza a mucha gente es la de películas que, o bien están ambientadas en el mundo de la política institucional como “Caballero sin espada” (Frank Capra, 1939) o bien son abiertamente militantes, como “Novecento” (Bernardo  Bertolucci, 1976). Sin embargo, como politólogo y como cinéfilo, esta concepción siempre me ha parecido terriblemente restrictiva. El gran Roman Gubern (salgan corriendo a comprar cualquiera de sus libros, créanme, no se arrepentirán) escribió en una ocasión que el cine político es todo aquel que sirve como mecanismo de reflexión sobre el poder. Con este concepto se nos abre un mundo mucho más amplio e interesante. Podemos rastrear un gran número de films donde...



...la carga política de fondo define no solo a los cineastas que los crearon sino que nos abre una ventana a la época en la que fueron realizados.

Mucho se ha escrito en los últimos años sobre las adaptaciones cinematográficas de Marvel Studio, pero me llama la atención que casi nadie ha reparado en la reflexión política que algunas de sus películas incluyen. Con esto no quiero elevar a los pijameros a la categoría luchadores políticos, pero si constatar que por encima de la corrección política que impera en Hollywood, Marvel ha dejado un goteo constante de reflexiones sobre el poder que podemos rastrear y analizar. Este artículo no pretende ser un compendio específico que analice todo el universo cinematográfico Marvel. Por ello quiero centrarme en los dos ejemplos más claros, en los dos personajes que más a las claras han aportado una visión política de ese universo enorme y cohesionado que están construyendo bajo el paraguas de Disney.





 Todos conocemos la historia. Un empresario fabricantes de armas es secuestrado en Afganistán y obligado a construir un temible misil con el que unos terroristas yihadistas  planean dominar toda la región. Simplemente este punto de partida ya tiene una fuerte carga política. Cuando el personaje fue creado en 1963 Stark era secuestrado por un malvado militar vietnamita. El cambio, aparte de adaptar la historia al momento cronológico actual, también moderniza la némesis malvada a los actuales miedos americanos. Hasta aquí podemos pensar que sencillamente estamos ante un lavado de cara por exigencias de la historia, pero la película nos enseña rápidamente uno de los puntos más simbólicamente políticos de los últimos años. Yinsen, el compañeros de “celda” y ayudante de Toni, muere para conseguir que este gane tiempo y pueda escapar. 

La composición del plano no enseña a un proto-Ironman inclinado sobre el cuerpo de su amigo que tiene la cabeza apoyada sobre un saco con la bandera de los Estados Unidos. La elección no es casual. El diálogo donde Yinsen anima a Stark a abandonar su vida como creador de armas es previsible. Encaja con la génesis traumática de casi todos los héroes de comic, pero esa bandera es un símbolo político. Hasta aquí es difícil distinguir que quiero contarnos con ellos el director, pero por suerte el discurso continua y nos aclara ese simbolismo. 



Stark regresa a su hogar y se convierte en Ironman, acorazado luchador por la justica que se venga de sus captores, pero entonces la película cambia bajo nuestros pies y descubrimos que el enemigo no es un malvado terrorista sino un empresario que, sin escrúpulos, vende armas a quien sea y es capaz de matar por conseguir el poder de Industrias Stark. Aquel que todos creíamos que era un enemigo temible no es más que una marioneta que sirve para hacer negocio. El miedo a que la democracia se corrompa y cree monstruos terribles será desde este momento una constante en el Universo Marvel, como se observa muy a las claras en los personajes de Justin Hammer, reverso tenebroso de un Stark moralmente renacido en Ironman 2 y sobre todo en el Dr. Aldrich Killiande de Ironman 3. Un manipulador que construye un falso terrorista 2.0 para, a través del pánico, controlar USA desde dentro. 

El juego entre un enemigo exterior aterrador y un enemigo durmiente mucho más peligroso es el eje central de la trama en los tres films. La paranoia se convierte por tanto en un sentimiento capital en la historia. Ante la incapacidad de confiar en nadie Tony Stark reacciona bajo los cánones del western, que es el arquetipo simbólico para muchos estadounidenses. La segunda enmienda de la constitución americana dice textualmente: “Siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar Armas, no será infringido”. Así pues Toni Stark no solo ejerce su derecho de portar armas, sino que se convierte a sí mismo en una, negándose además a ponerla en manos del gobierno de su país, en el cual no confía. Ironman se transmuta de esta manera en la más clásica encarnación del héroe americano. Un capitalista millonario,  triunfador, individualista, duro y armado hasta los dientes. Dejamos aquí al vengador acorazado, pero pronto volveremos con él.




El primer vengador (Joe Johnston, 2011) es una entretenida película de aventuras. Las historias donde la amenaza es un enemigo nazi son poco dadas a sutilezas y la política es siempre una historia de sutilezas, de contradicciones y claroscuros. Tenemos tan asumido (y con bastantes motivos) que el nazismo es la versión más refinada de la maldad política, que estas historias suelen ser moral y politológicamente muy planas. Por el contrario “El soldado de invierno” (Anthony y Joe Russo, 2014) es una película mucho más interesante desde el punto de vista que nos ocupa. Comenzamos con Nicholas Fury, responsable final del espionaje americano, organizando una falsa misión de rescate para encubrir sus sospechas de que S.H.I.E.L.D. pueda estar corrompida por agentes durmientes. Esa misma amenaza es la encarnada por el traidor (y mestizo) Loki en Thor (Kenneth Branagh, 2011) y por el agente Grant Ward en “Agents of S.H.I.E.L.D.” (VV.AA. 2013). De nuevo la duda y la paranoia sobre el tapete. Fury teme que el gran plan para el que ha estado preparándose esté amenazado. Este no es otro que poner en el aire tres enormes aeronaves (Helicarriers) con la capacidad de localizar y neutralizar violentamente amenzas, antes incluso de que estas se produzcan. El diálogo que se desarrolla cuando explica sus propósitos a Steve Rogers es ciertamente interesante:

          "Fury – Vamos a neutralizar amenazas antes de que sucedan.
           Rogers – Creía que el castigo venía después del delito.
           Fury – S.H.I.E.L.D. acepta el mundo como es, no como nos gustaría                           que fuera.
           Rogers – Esto no es libertad. Esto es miedo."

Los argumentos de Nick Fury bien podría haberlo firmado George W. Bush en 2003, cuando defendía la política de guerra preventiva, sosteniendo que los Estados Unidos debían deponer regímenes extranjeros que representasen una supuesta amenaza para su seguridad, incluso si esa amenaza no era inmediata. La oposición frontal del Capitán se ve reforzada cuando HYDRA, infiltrada hasta los tuétanos de la defensa estadounidense, toma el poder con una suerte de golpe de estado desde dentro. El esquema se repite de nuevo, pero curiosamente no como una crítica sino como la expresión de un miedo de la sociedad americana

El peligro son agentes durmientes contra el sistema. Este no está equivocado, sino que ha sido pervertido. La crítica política en el universo Marvel sirve para justificar el sistema, que es descrito como pervertido pero originariamente ético. Este planteamiento permite que el Capitán pueda lanzarse a una cruzada patriótica (de que otro tipo, si no) para salvar la esencia pura y sin mácula del sueño americano. En este punto la comparación con Ironman resulta pertinente. Donde Stark se lanza a una batalla solitaria contra sus enemigos, Rogers busca la ayuda de dos aliados. Curiosamente una ex espía soviética y un afrodescendiente. El simbolismo es claro, hay dos formas de entender y defender la gran utopía americana.


Desde la creación de los Estados Unidos siempre ha habido un choque entre las dos concepciones políticas hegemónicas. Por un lado tenemos el Republicanismo que pone la igualdad y los derechos en el centro de los valores políticos. Por otro lado está el Liberalismo, que hace lo propio con la libertad individual. El Capitán América representa los valores republicanos (no confundir con el Partido Republicano). Cuando ha de enfrentarse a la amenaza de HYDRA dirige un discurso a todos los agentes de S.H.I.E.L.D.  donde dice literalmente. “Sé que les pido mucho pero el precio de la libertad es alto, siempre lo ha sido. Yo estoy dispuesto a pagarlo y si estoy solo en esto lo aceptaré. Pero apuesto a que no lo estoy” Toda una llamada a la ética y el valor del grupo. Sin embargo Tony Stark, representando el liberalismo capitalista, responde de esta manera ante la comisión del Senado que le solicita que entregue la armadura: “Olvídelo, yo soy Ironman. El traje y yo somos uno. Entregar el traje de Ironman sería como entregarme yo mismo, lo cual es similar a la esclavitud”

Un típico argumento liberal, que antepone la capacidad de decisión individual a la colectiva identificando cualquier intento de regulación con una amenaza a su libre albedrio. Es sintomático que después de los acontecimientos de “Los Vengadores” (Joss Whedon, 2012) Tony Stark, a pesar de forma parte de un grupo de defensa superhumana, se fabrica su propio ejército de drones. No son planteamientos antitéticos estos, pero si distintos. Casi toda la discusión política en USA pendula entre estos dos puntos y Marvel ha sabido captar que para llegar a un mismo destino dos personas pueden tomar caminos muy diferentes. Curiosamente la única película ajena a esta dicotomía es “Guardianes de la galaxia” (James Gunn, 2014) un film ambientado, literalmente, en otro planeta.

 Brian Michael Bendis fue el guionista que saco a Los Vengadores de un sopor de décadas poniéndolos de nuevo en la cima del comic americano. Esta dicotomía de la que hablamos es aún más evidente en sus guiones y sobre estos se están construyendo los futuros proyectos cinematográficos. En 2016 llegará a los cines “Civil War” con la presencia confirmada de Chris Evans y Robert Downey Jr. En ella encontraremos la explosión definitiva de las tensiones políticas americanas representadas en la lucha de dos facciones de super humanos que representan el choque simbólico de Republicanismo y Liberalismo.


Siguiendo siempre la línea argumental de la publicación, tras un conflicto con múltiples bajas civiles Tony Stark es nombrado nuevo director de  S.H.I.E.L.D. El mayor fabricante de armas, un multimillonario llegado de la empresa privada entrando en política por una puerta giratoria que haría sonrojar a Pablo Iglesias. Como ha sucedido en múltiples ocasiones, la postura Liberal en Estados Unidos compagina una fuerte apuesta por la individualidad con un restrictivo uso de las fuerzas de seguridad y una estrecha concepción de los derechos civiles. El ejemplo más esclarecedor es el del “Comité de actividades anti-americanas”, que en 1947 (Bajo la presidencia de Harry Truman) realizó comparecencias obligatorias en el Senado en busca de comunistas infiltrados cuya posición social les permitiera ser agentes de propaganda. Cabe decir que el “Partido Comunista de los Estados Unidos” era y es un partido legal y por lo tanto las maniobras para encarcelar a los investigados fueron bastante opacas, cuando no ilegales. La excusa más utilizada fue preguntar si los acusados formaban parte del Partido y solicitar los nombres de otros afiliados. Al negarse, amparados en la constitución, se les acusaba de desacato al tribunal y eran encarcelados. 

A tal punto llegó la paranoia que terminaron en la cárcel incluso los abogados defensores. La tensión inherente al liberalismo es la que enlaza una concepción intensamente anti estatalista con una visión política y social muy estrecha.  Ironman expresa de forma clara esta tensión. Se resiste activamente a que el gobierno controle su armadura, considerada esta como una posesión personal y como un patrimonio. Sin embargo como responsable público promueve el “Acta de registro de súper humanos” que obliga a todas las personas con capacidades especiales a identificarse y trabajar exclusivamente para él. El liberalismo económico y el intervencionismo social se ve aquí claramente. Stark protege con intensidad su capital, pero exige a lo demás que se plieguen a su autoridad en lo personal.


Ante esta situación el Capitán América se enfrenta al proyecto y lidera una rebelión de héroes que se niegan a ser identificados. El espíritu Republicano late bajo el razonamiento de que el gobierno no puede controlar de forma previa sus ciudadanos manejando su vida por la valoración que hace de sus capacidades. El enfrentamiento está servido y pareciera que toda la construcción del universo cinematográfico de Marvel hubiese estado dirigido desde el principio a preparar la representación de un conflicto tan arraigado en la cultura política americana.


“Civil War”, como título, no solo define la acción de antiguos aliados luchando entre sí. Lo que se dirime en la batalla es algo más que un Macguffin, es una lucha por la hegemonía política. Los Estados Unidos post 11-S, obsesionados con la amenaza interna y externa, en medio de una brutal crisis económica, han sido testigos de esta misma batalla. La “Ley Patriota” aprobada por George W. Bush palpita tras el “Acta de registro de súper humanos”. La colisión entre seguridad y derechos. Entre libertad e igualdad hace de esta confrontación una guerra civil. No hay conquistador enemigo, sino dos visiones de cómo debe ser el futuro compartido que chocan violentamente.  



Está claro que los films de Marvel son películas de evasión. Una mezcla entretenida de acción y ciencia ficción. Si uno quiere ver cine abiertamente político hará bien en acercarse a “Los idus de marzo” (George Clooney, 2011) o  “El capital” (Costa-Gavras, 2012). Pero es indudable que la ficción es un espejo de la realidad, que nos devuelve una imagen deformada de nosotros mismos, pero que nos sirve para rastrearnos. El mainstream americano rara vez tiene una lectura política tan clara y desde luego rara vez construye su reflexión sobre el conflicto de dos formas de ver el mundo en “clave americana”. Es normal ver representaciones políticas donde el America Way of Life se enfrenta a una amenaza, pero es realmente curioso asistir a una lucha intestina, agazapada tras los productos de consumo de masas más exitosos de los últimos años.


¿Quién ganará la batalla, Ironman o el Capitán América? Los próximos años van a ser interesante para los fan de los comic, del cine y de la política, pero lo único que tengo  claro es que, en esta guerra civil, la primera víctima será nuestro aburrimiento.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué opinas de este artículo? Escribe tu opinión Cinéfila.