CONSTANTINE: "MAESTRO EN ARTES (NO TAN) OSCURAS" [SERIES]




En mi casa hay casi más dinero en comics que en electrodomésticos, así que como ustedes comprenderán no suelo perderme ningún estreno de la última moda llegada de Hollywood, rodar cualquier cosa que antes hubiese sido publicada como comic. Siendo sincero la mayoría de las veces mi niño interior, ese que compraba “grapas” de segunda mano en El Rastro se lleva unos berrinches de cuidado. Si Marvel lo borda con “Iron Man” luego lo jode con “Thor”. Nolan se marca la trilogía del Caballero Oscuro, pero luego nos torturan con un Super Man hipertrofiado. Por no hablar de los X-Men, que solo hacen una peli decente de cada dos. Pero sin duda lo que más me ha molestado siempre es que la industria no se atreviese a abrir el maravilloso cajón de “Vertigo”, sello adulto de DC y hogar de alguno de los mejores comics de todos los tiempos. Por ello he esperado con impaciencia  el momento de sentarme en mi sofá para ver en acción a un personaje mítico como pocos, un cabrón llamado John Constantine...




La serie nos presenta a John un mago inglés, exorcista y maestro de las artes oscuras que viaja a Estados Unidos para proteger a la hija de un antiguo socio de ciertas amenazas sobrenaturales. Tranquilos que este artículo estará libre de Spoilers. La primera impresión que tengo al ver la serie es que se ha logrado pasar por alto la terrible adaptación cinematográfica perpetrada en 2005 por Francis Lawrence. Bien ambientada y con un Matt Ryan muy en su papel, pero rápidamente encontramos el primer problema, la serie es atropellada, terriblemente atropellada. El capítulo tiene el “mal del episodio piloto” pasan muchas cosas y el director parece estar más preocupado por demostrar que puede ser muy cool que por tejer bien a los personajes o  la historia misma. Confiemos en que la serie se asiente, no sería la primera que necesitó unos cuantos episodios para encontrar su ritmo y tempo adecuados.


Según avanza el capítulo y la acción se calma un poco, podemos ver los derroteros por los que circula la serie. Hay un tono irónico, en ocasiones abiertamente cómico y una cierta sensación de ligereza se instala en toda la función. Si usamos una comparación “comiquera” esta serie tiene más que ver con el Spiderman de Sam Raimi que con el Batman de Nolan. Es cierto que la historia tira de ciertos lugares comunes que todos conocemos, a saber: trauma del pasado, dama en apuros, promesa a compañero caído o sub trama solo insinuada que servirá para vertebrar la temporada. Pero lo cierto es que el conjunto tiene cierto carácter en gran medida por el trabajo de un Matt Ryan al que aún le queda para hacerse con el personaje pero que promete ser capaz de hacerlo.


No obstante hay algo que si me “preocupa” y no es otra cosa que NBC. La cadena al contrario que grandes tótem de la nueva ficción americana como HBO o ShowTime emite en abierto y tiene muchas más restricciones a la hora de representar violencia o escenas sexuales. Y es aquí donde reside el peligro. Desde hace años vivimos el encumbramiento de la figura del antihéroe. A casi nadie le interesa ya la bondad absoluta, la perfección es un perfecto coñazo. Sin embargo cada vez es más normal ver a personajes perfilados como antihéroes que en realidad siguen siendo tan buenos como siempre solo que un poco más bordes, un poco más solitarios o un poco más tristes. En este grupo caminan juntos el Lobezno del cine o el Dr House. Son buenos muy buenos y lo demás son capas de maquillaje y complementos molones a su personalidad. John Constantine es un verdadero cabrón y precisamente por ello el personaje resulta tan interesante. Es un mentiroso, un manipulador, un cínico y un egoísta adicto a la magia. Fue creado como reflejo de lo más bajo de la Inglaterra de Thatcher. El personaje es en sí mismo una metáfora de un mundo que no está bonito. El auténtico peligro de la serie es que apunta a una dulcificación que amenaza con dejar en el armazón toda la potencia de una historia que, en este mundo de pulcritud y corrección política, cada vez es más necesaria. Piénsenlo así, ¿nos hubiera gustado que Dexter Morgan hubiese investigado los casos de todos esos asesinos y al destaparlos los hubiese entregado a la justicia? No, queríamos ver como los mataba. Ello nos hacía partícipes de una venganza simbólica, esa maldad intrínseca de Dexter nos lo hacía muchas más real, más humano, precisamente por no ser perfecto, por no ser un faro de bondad.


En cualquier caso la serie es entretenida y tiene mimbres suficientes como no darla por perdida. La próxima semana volveré a estar frente a mi ordenador (sigue alguien viendo series en la tele?) para continuar con el viaje de Constantine a los rincones mágicos y oscuro de Estados Unidos pero teniendo en cuenta la oferta de ficción televisiva le hará falta algo más que gritas hechizos en Latín si quiere que le acompañemos hasta el final del viaje. 

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