SNOWPIERCER (ROMPENIEVES) [CINE]

De tapadillo, sin hacer mucho ruido ha llegado a nuestras pantallas esta película futurista (de negro, negro futuro) donde nos relatan de forma ejemplar y metafórica el destino de la Humanidad dentro de apenas dos décadas. Una bocanada de cine visceral con mucho oficio (y artificio) que a buen seguro agradará a los fans de la Sci-Fi. Con un ritmo que va in crescendo desde el minuto uno, nos adentramos en una espiral de pistas, detalles, pequeñas historias y piezas que van encajando poco a poco a medida que transcurren los minutos. Por que hay que estar muy atento a todos y cada uno de los detalles que la cámara (y el buen guión) nos va mostrando como engranajes de la maquinaria que conforma 'Snowpiercer' (traducida en España como 'Rompenieves' para que intuyamos un poco su trama...debe ser). Hay muchos puntos a su favor y eso nos hace pensar que el género de la ciencia ficción está pasando por un mal trecho cuando con un poco de buen arte se nos hace agua al paladear las imágenes de John-ho Bong ('The host'). Hay mucho más que lo que nos ha vendido su departamento de publicidad al decir que es "la película más cara de la historia de Corea del Sur". Mucho más... 



La visión apocalíptica del film arranca con que nos hemos cargado el planeta usando un producto que produce un efecto global de enfriamiento en vez de regular el efecto invernadero. Un visionario, Wilford (Ed Harris), construye antes un tren de última generación con un motor eterno que servirá a modo de Arca de Noé para salvar a los últimos seres humanos. El recorrido del tren alrededor del mundo es a la vez una salvación y una maldición. Cada vagón representa a un estrato de la sociedad, a una necesidad de la sociedad. Todas ellas reguladas y subyugadas a un ser "superior" al que casi se venera con deidad.



Un reparto lleno de caras conocidas, con un Chris Evans muy alejado de su sosa imagen de Antorcha Humana o Capitán América, que convence desde el comienzo. Se agradece que nos descubran que es un buen actor (tremenda la escena de la confesión, de quitarse el sombrero). Apuntar el hecho de que Ed Harris cada vez le sienta mejor su faceta de villano (o no tanto). Y un buen plantel de secundarios que aportan su grano de arena a la marcha de este tren. Tilda Swinton, haga lo que haga, cada vez es mejor actriz y buena muestra es su personaje (desagradable a más no poder) en este film.


Una constante metáfora de la condición humana que se recrea en la violencia como el eje que la Humanidad mejor domina para escalar en la sociedad. Un mensaje subliminal perpetuo que como en los mejores films de futuros distópicos de los 60's o 70's guarda secretos que intuimos pero a los que nos dejamos llevar. Hay mucho en la novela gráfica de Jacques Lob, Benjamin Legrand y Jean-Marc Rochette de '1984' de Orwell, un poco de 'Cuando el destino nos alcance' de Harry Harrison y bastante del tema eterno del alcance de objetivo a través del sacrificio personal. Una estupenda cinta que con pulso febril y en momentos preciosista, John-ho Bong ha sabido quitarse sus vicios, o aumentar sus virtudes, para presentarnos una cruel metáfora de nuestra alma enjaulada. El eterno viaje del héroe enfrentándose al dios omnipotente a través de sucesivas pruebas hasta llegar a mirar a los ojos de su "creador".


Con escenas casi operísticas el realizador ha sabido juntar todas las piezas que han ido mostrándose a lo largo del film. Para que, tras una primera impresión equivocada del espectador, donde creíamos que había mal sólo había lógica, donde creíamos que existía valentía sólo habitaba mediocridad y vileza. Un generoso golpe en el estómago con desenlace muy alejado de los tópicos bien pensantes pero que nos deja un agridulce sabor. Cuando miremos al cielo y veamos esos chemtrails (estelas de condensación que dejan los aviones al pasar) quizás pensemos que Íker Jiménez no estaba tan equivocado en sus ideas conspiranoicas.



VALORACIÓN: 8 / 10

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