LOS PÁJAROS [CINE]

Un director como Hitch, un genio multidisciplinar como él, estaba de vuelta de todo en 1963. Había tocado el cielo del celuloide en numerosas ocasiones. Seguía sin Oscar, eso sí, pero viendo su prolífica y magistral forma de entender y hacer cine, daba la impresión de que le sobraban premios. El público, esa era su obsesión. Dar al público lo que a él le gustaría que un director propusiera en pantalla. Conocía a los espectadores, sabía lo que buscaban y lo que necesitaban en cada momento de uno de sus films. A un maestro como él, después de títulos inmortales como 'Sospecha' (1946), 'Rebeca (1940), 'Recuerda' (1945), 'El hombre que sabía demasiado' (1956), 'Psicosis' (1960), 'Con la muerte en los talones' (1959), 'Crimen perfecto' (1954), 'La ventana indiscreta' (1954), 'Vértigo' (1958) y un largo historial...¿qué le quedaba por hacer? Disfrutar del cine, como siempre había hecho. Pero en estos últimos años de su carrera aún más. Sin ataduras y sin complejos. Tal vez sea este título, 'Los pájaros', la que abrió la puerta a sus postreras obras, que manteniendo siempre su estilo de tensión y suspense, comenzó a tocar géneros que nunca antes había tocado de manera tan visceral. 






Su carrera, casi al igual que su vida, ha estado envuelta en el género del misterio, el suspense y el thriller. Apasionante vida y carrera cinematográfica digna de varias películas sobre ella, no los dos biopics fallidos que hasta ahora se han hecho ('Hitch', 2013 y 'The girl', 2013). A sus 64 años, el director afrontaba la recta final de su carrera con un nuevo salto al vacío. Su afán y obsesión por perfeccionar el miedo, esa emoción intangible pero tan real como el aire que respiramos, era para Hitch su caballo de Troya. Su forma de introducirse en nuestras mentes y jugar con ellas cual colegial. Amén que lo conseguía siempre. En esta ocasión, basándose en la novela de Daphne Du Maurier, trasladó ese miedo invisible a la sin razón ilógica de un hecho extraordinario y sin explicación.



Utilizando siempre elementos comunes en la vida de cualquiera (un marido en 'Crimen perfecto'; una comunidad de vecinos en 'La ventana indiscreta'; un motel de carretera en 'Psicosis'; o la pasión más enfermiza por una persona en 'Vértigo') Hitchcock conocía bien los mecanismos del suspense, pues en lo cotidiano radica la fuerza del terror. Mucho más terrorífico es enfrentarse a algo que tienes siempre cerca, que es conocido y que se transforma de inmediato en una amenaza, a enfrentarse a situaciones ajenas que son del todo imposibles en la vida real. El maestro Alfred sabía de nuestros miedos. Tenía el conocimiento de poder ubicar la locura, el terror y la paranoia en lugares y objetos mundanos. Disfrazarlos de miedo y sacudir nuestras aletargadas mentes.



El cine en aquellos años era ensombrecido por el fastuoso poder mediático de la TV. El público comenzaba a tener nuevas formas de contacto con la ficción. Buena prueba era que series como 'The twiling zone' (1959-1964) o la misma serie creada por Hitch, 'Alfred Hitchcok presenta' (1955-1962), daban a los espectadores constantes impulsos de terror, suspense y ciencia ficción en dosis que a falta de medios tan grandilocuentes como los del cine, basaban su fuerza en los guiones. Poderosas historias contadas con pasión y desasosiego. Rod Serling, creador de 'Twiling zone', era un referente claro. Escritores como Ray Bradbury  ('Fahrenheit 451' o 'Crónicas marcianas') dominaban la escena. El público quería nuevas fórmulas de terror y género fantástico que el cine había hundido en títulos de serie B e infumables versiones. La televisión tenía las historias, pero no los medios. De ahí que en su día 'Psicosis' se proyectara como un episodio más en la serie de TV de Hitch, pero el director vio el potencial de la historia y acertó de pleno al llevarla  a la gran pantalla. Con 'Los pájaros' sucedió idéntico caso.



El realizador, en primera instancia, tenía en mente desarrollar la novela de Maurier para la pequeña pantalla. Sin embargo, tras los numerosos "storyboards", ensayos, decorados y las nuevas técnicas que le propuso los estudios Disney para elaborar los ataques de las aves, decidió que rodaría un film. Su primer (y único) film fantástico. Un triple salto mortal para un genio que nada tenía ya que demostrar. Sin entrar en detalles sobre su arduo, tortuoso y en ocasiones morboso rodaje (Tippi Hedren podría escribir tres libros sobre ello), el maestro del suspense elevó su estatus a un nivel superior. El miedo, tan visceral en otros títulos de su carrera, se transformó en esta ocasión en pavor, terror y angustia hacia lo inexplicable. Los pájaros, esos seres que habitan sobre nosotros, que están ahí constatemente. Que a veces parecen estar observándonos, siguiéndonos...el director les dio entidad, fuerza y dramatismo al incorporar en su comportamiento un elemento letal hacia el público: humanidad.



Sí, aunque parezca una contradicción, les dio un tremendo elemento que sólo tiene la humanidad. Les otorgó un rasgo que nos diferencia (entre otros muchos detestables) de los animales, en este caso de las aves. Hitchcock les dio violencia. El ser humano se caracteriza como el único ser en la tierra que utiliza la violencia y mata por placer. Al dotar a los pájaros de ese rasgo, el director los humaniza. De ahí que surja ese terror incomprensible hacia algo tan común, inocente y trivial como ver una bandada de pájaros. Pero ahora son ellos los que nos atacan, nos aterran y hacen estremecer.



Sin banda sonora que nos acompañe en esta pesadilla, el excelente Bernard Herrmann desarrolló una serie de sonidos y elementos atonales que armaban de vida a los pájaros. Los graznidos, el batir de alas, el vuelo rasante de las aves cobra aún más vigor al mezclarlo con los gritos y gestos desencajados de los humanos atacados. Todo un golpe de efecto que unido al buen hacer y uso de la cámara, nos sitúan en mitad de esta morbosa perturbación a la que Hitch nos invita. Un paseo por los recovecos del miedo más profundos y primitivos que habitan en el corazón del ser humano. Una excepcional muestra de cine fantástico que nos dio la oportunidad de conocer a un Hitchcock que se hallaba escondido. Lástima que no se prodigase más en este género pues nos habría brindado una excelente colección de títulos inmortales.



El pausado (y falso) ritmo del comienzo, nos confunde con numerosas pistas. Los primeros envites plasmados en pantalla, son como pequeñas ilusiones ópticas. Extraños comportamientos que dan poco a poco motivo para escenas más escabrosas (la granja a la que Melanie llega para pedir ayuda y encuentra al matrimonio) desatando en apenas unos minutos el terror más furioso e iracundo (la escena del ataque a la escuela). Como espectadores, sentimos la misma aprensión y desconocimiento que los personajes. Nos refugiamos con ellos, observamos atentos y con miedo los sucesos que ante nuestros ojos se exponen. Sin aparentes motivaciones, sin explicación alguna. Todo son teorías, debates y suposiciones que no hacen sino aumentar la sensación de angustia. Ahí radica la genialidad de este film, en no dar una explicación razonable. Somos nosotros, al igual que los personajes, quienes debemos asimilar lo que sucede e imaginar el porqué. Y es ése uso de la imaginación lo que provoca mayor temor. Pues no hay mayor terror y miedo que aquel que nosotros imaginamos. Hitchcock lo sabía: "No muestres...que sean ellos quienes imaginen lo que sucede. Sus retorcidas mentes harán aparecer las imágenes más terroríficas que ninguna cámara podría captar". Un genio.



Fue artífice de dar edad adulta a un género que parecía abocado a la pequeña pantalla o a producciones de cine de bajo presupuesto y notoriedad. Un impulso que abrió puertas a nuevos directores que labraron obras en el género fantástico y de ciencia ficción que ha perdurado hasta nuestros días. Por ello, un agradecimiento especial (aún más si cabe) hacia el mayor creador de universos, mundos y emociones que ha dado el cine. Un monstruo que supo mejor que nadie dónde radicaban nuestros anhelos, deseos, miedos y obsesiones. 'Los pájaros', aún pasados más de 50 años, conserva toda su fuerza, pasión y furia que hace que nos recorra un escalofrío por la espalda y miremos hacia el cielo cada vez que salimos de casa. Y cuenta con un final antológico. No busquéis las palabras "The End" al finalizar la película...por que el miedo no tiene fin.



VALORACIÓN: 9/10
CURIOSIDADES:

  • Fue nominada a los Mejores Efectos Especiales Visuales. Y Tippi Hedren ganó el Globo de Oro a Actriz Revelación.
  • No hay banda sonora para la película excepto por los sonidos creados en el mixtrautonium, uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos, por Oskar Sala, y los niños cantando en la escuela.
  • Hitchcock quería a Joseph Stefano ('Psicois', 1960) para escribir el guión, pero éste desestimó la idea.
  • La novela de Daphe Du Maurier no tiene nada en común con el film, salvo el inexplicable comportamiento de las aves.
  • La mujer que grita en el cartel del film no es la protagonista, Tippi Hedren, sino Jessica Tandy, que interpreta a la madre de Rod Taylor (Mitch).
  • El sonido de decenas de aves graznando se consiguió con el uso de carretes de pesca en funcionamiento con movimientos hacia delante y hacia atrás.
  • Para que un gran número de aves reales permanecieran tranquilas y sobre los objetos, fueron alimentadas con maíz mezclado con alcohol.
  • Tippi Hedren sufrió heridas reales en la cara en la escena en que se queda atrapada en una habitación contra una bandada de pájaros.
  • Hubo una secuela (espeluznante) en 1994, 'Los pájaros: el fin del mundo', donde Hedren volvía aparecer aunque en otro personaje.
  • Los efectos especiales donde los pájaros se mezclaban con los actores en los ataques, fueron realizados por los estudios Disney, ya que eran los únicos que disponían de un método (a base de vapor de sodio que producía ese efecto) en esos años.
  • Tippi Hedren fue presentada antes del estreno de este film como la nueva "Grace Kelly de Hitchcock".
  • El guión de 'Los pájaros' iba a ser utilizado en principio para la serie de televisión 'La hora de Alfred Hitchcock'.
  • Hitchcock hace su cameo habitual saliendo de la tienda de animales del pricipio llevando dos perros (que por cierto eran suyos).
  • Cuiosidad: la película no termina con la típica frase "The End" ya que Hitchcock pretendía que el terror no terminase.
  • Se rodó un final alternativo que nunca llegó a ver la luz: miles de pájaros y aves sobre el puente Golden Gate de San Francisco...con las calles vacías a mediodía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué opinas de este artículo? Escribe tu opinión Cinéfila.