LAS ESPUELAS DE CLINT EASTWOOD: DE JOE A WILLIAM MUNNY [ESPECIALES]

A punto de cumplir 84 años (31 mayo) el imprescindible Clint Eastwood hace ya más de 20 años que no se sube a un caballo. Normal por la edad, pero es innegable que su arte y oficio van más allá de su carisma delante de la cámara en un género que le alzó a mito viviente del cine: el western. Desde 'Sin perdón' (1992), Eastwood no ha vuelto a tocar el tema, tal vez por que culminó su odisea personal. Quizás por que ya nada le queda por contar o incluso, quién sabe, ha dejado para la posteridad un legado al alcance de muy pocos (John Ford o Howard Hawks nos vienen a la memoria). De un modo u otro somos miles los seguidores que ansiamos la vuelta del maestro Clint a un género que él mismo revitalizó. Durante años, primero como actor bajo las órdenes de otros artesanos, y más tarde como realizador, Eastwood ha ido dejando pequeñas piezas de orfebrería que han ido componiendo una leyenda en torno a su persona. Tanto a nivel personaje como al mensaje que ha deseado imprimir en cada una de esas obras. No vamos a descubrir al excepcional director que es, ni en este género ni en el que opte por tocar (el género de terror sería todo un desafío para él). Por lo que hemos decidido hacer una retrospectiva de su carrera como cowboy del cine.



Podemos dar como inicio de sus características como actor lo que supuso para él incorporarse en 1959 a una serie de TV ambientada en el Lejano Oeste como fue 'Rawhide' (1959-1965) donde interpretaba a Rowdy Yates. En ella se moldearía poco a poco como actor y le daría oportunidad para ser "descubierto" por un inquieto realizador italiano que vio en él las premisas necesarias para transmitir en un personaje icónico, su particular visión del western. Sergio Leone se cruzó en la vida de Eastwood. Ni el western, ni Leone y mucho menos Clint volverían a ser los mismos.








  • JOE: ('Por un puñado de dólares', 1964) Su primera colaboración con Leone. No pudo ser profeta en su tierra por lo que decidió trabajar para el realizador italiano en localizaciones almerienses y con producción europea. Eastwood cuajó un personaje que se encontraba lejos de su hogar, sin pasado y con tendencia a no encajar en ningún sitio. Casi era una metáfora de su propia carrera. 'Yojimbo' (1961) sirvió como inspiración para un debut tardío en el western. En USA no triunfó pero en Europa arrasó en las taquillas y originó el mito. 




  • MONCO: ('La muerte tenía un precio', 1965) Lo que pareció una casualidad en la carrera de Eastwood se fue transformando en una relación con Leone que fraguó un estilo, una identidad propia y creó lo que conocemos como "spaguetti-western". Obra inmortal que con la maestría de Leone tras la cámara, la soberbia música de Ennio Morricone y el pétreo rostro de Eastwood configuró una muesca más en la culata de su revólver. Misticismo envuelto en polvo del camino. 


  • RUBIO: ('El bueno, el feo y el malo', 1966) La culminación de una trilogía que a pesar de no tener conexión, salvo ese glorioso poncho, todos hemos relacionado. Sus tres personajes tienen en común el factor misterio, secretos y turbio pasado. Factores que el propio Eastwood se encargaría de extrapolar a su propia filmografía. Con Leone aprendería a mitificar, le quedaba forjarse como director (reto personal que siempre tuvo en mente). Era momento de retornar a casa para recoger los frutos.


  • MARSHALL JED COOPER: ('Cometieron dos errores', 1968) No fue el proyecto deseado por Clint, pero le ofreció abrir la puerta a su género y presentarse en sociedad tras su odisea italiana. Más cerca de un telefilme que de una producción cinematográfica, brindó ciertos elementos en su personaje que más tarde utilizaría en 'Infierno de cobardes' (1973).






  • PARDNER: ('La leyenda de la ciudad sin nombre', 1969) El musical tocaba a su fin en las grandes producciones. Una comedia musical protagonizada por Lee Marvin y el pseudo descubierto Eastwood no auguraba nada bueno. Verle cantar supone todo un shock para sus acérrimos seguidores pero tiene un toque kistch que la hace perdurar.






  • HOGAN: ('Dos mulas y una mujer', 1970) Segunda colaboración con el que se puede decir que fue su verdadero mentor, Don Siegel. Dos años antes trabajaron en 'La jungla humana' donde ambos coincidían en muchas formas de ver el cine. Con este personaje, Hogan, el actor perpetuaba su aire canalla y cínico con toques de humor negro que añadieron más clase a su forma de interpretar cowboys. 







  • JOHN McBURNEY: ('El seductor', 1971) Rareza tanto en la filmografía como actor de Clint como en la de realizador de Siegel. Ambos se dieron el capricho de rodar este drama con tintes de thriller en plena guerra civil americana tras el éxito de otro mito que habían creado, 'Harry, el sucio' (1971). Eastwood rodaría ese mismo año, con la ayuda de Siegel, su debut como director en 'Escalofrío en la noche', por lo que podemos decir que fue un año decisivo en su carrera. 


  • JOE KIDD: ('Joe Kidd', 1972) Otro maestro del western se cruzaba en la vida de Clint, John Sturges ('Duelo de titanes', 1956). En horas bajas, tanto el realizador como el género, se prestaba a dirigir a Eastwood en una fallida muestra de western crepuscular que no terminó por convencer a nadie. Llegaba la hora del propio actor a tomar las riendas.








  • EL FORASTERO: ('Infierno de cobardes', 1973) Para su debut en el género optó por combinar dos factores: la desmitificación de Leone y el oficio de Siegel. Resultado, un western que se acerca por momentos a un thriller con elementos fantásticos, referencias bíblicas y un personaje que cabalga entre dos mundos. Sería su reseña personal que ya no podría quitarse...ni falta que le hacía. Una pequeña joya que recomendamos encarecidamente.


  • JOSEY WALES: ('El fuera de la ley', 1976) Una vuelta de tuerca más a su personaje con pasado turbio. Buscando venganza tras la muerte de su familia Josey Wales es el preámbulo de personajes como el Predicador o William Munny. Se le podría tildar de repetitivo pero era una fórmula que funcionaba a la perfección. Además, eran años en los que deseaba fomentar a su esposa, Sondra Locke, como actriz, y amén que se empeñó.






  • EL PREDICADOR: ('El jinete pálido', 1985) Casi una década sin tocar el género. Mereció la pena la espera. Nos dio el mito en palabras mayores. No había artificios, era el climax de su personaje. Fantasmagórico, sombrío y más cercano a la leyenda que un típico western. Un cruce entre 'Raíces' y 'Solo ante el peligro' añadiendo el toque cínico del propio Eastwood. Imprescindible. 


  • WILLIAM MUNNY: ('Sin Perdón', 1992) El canto del cisne de toda su vida. Una oda al cine. Imperdonable no haberla visto. La conjunción perfecta de todos los mecanismos del cine de Eastwood puestos en beneficio de una historia de siempre pero contada como nunca. Génesis y punto final del género. Dio vida (de nuevo) a un tema que parecía asfixiado por el paso del tiempo. Supo mejor que nadie que él pertenecía a la vieja escuela y transmitió como sólo los grandes maestros podrían hacerlo. Peckinpah, Ford, Hawks, Siegel y trazos de Sturges flotan por el film, no anuncian que el final cabalga a su lado. Su monólogo final es un epitafio para un genero que nunca podrá recompensar suficientemente a la figura más emblemática del western.



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